Una opinón frente al proceso de negotiatión con las AUC: negociar, mas no a cualquier precio. Pero sería esperanzador si se considerara la posibilidad de negociar con todos los actores armados y con la aplicación de la justicia.

     

COLOMBIA: NEGOCIAR, ÚNICA SALIDA POLÍTICA

08.07.2004. Colombia limita con un número indeterminado de pérdidas de vidas humanas, de recursos, de bienestar, y aunque la vida continúa, el dolor hace nido porque el llanto por la última masacre ya no fluye. Acaban de enterrar a otros, a otras.

Tres millones de ancianos, infantes y mujeres desplazados en su propio país. ¡Cuánto exilio! Y cuánta fuga de intelectuales, profesionales que salen a limpiar retretes en los países industrializados.

Esto no es un canto al pesimismo, sino una realidad que hoy puede ver una luz con la nueva propuesta de negociación con los premilitares (considerados así mismas Autodefensas Unidas de Colombia, AUC), a pesar de sus horrendos crímenes. Negociar, mas no a cualquier precio, es la única salida política que le queda al país latinoamericano.

Al hablar de negociación es esperanzador si se considera la posibilidad de hacerlo con todos los actores armados y con la aplicación de la justicia. No es necesario repetir la experiencia argentina de borrón y cuenta nueva para que las heridas reaparezcan y luego, vuelva a empezar para sanar a una sociedad.

Colombia necesita reconciliación pero quienes hayan cometidos crímenes de lesa humanidad deben ser juzgados en su propio país dentro de un claro sentimiento de soberanía, pues siempre cabe la tentación de la extradición. ¿Acaso es secreta la vinculación de los paramilitares con el narcotráfico? Tampoco lo es su relación con el Ejército desde su origen. Si el gobierno inició una negociación lo hace con pleno conocimiento de todas las circunstancias.

Las condiciones de una negociación marcarían los pasos a seguir. Que cesen los disparos es una necesidad inmediata pero no para regresar a las cavernas. Así que me asaltan dudas e inquietudes:

Varias negociaciones han hecho diferentes gobiernos –que no el Estado–, y una vez pasada la firma de acuerdos, incumplen los compromisos. ¿A qué se van a dedicar los once mil paramilitares una vez abandonen las armas? ¿Tendrán acompañamiento psicológico? ¿Cómo saldrán de su concepción militarista?

Los odios profundos o la actitud mercenaria no van a cambiar porque sus dirigentes lleguen a acuerdos. Los combatientes de estas guerrillas de derecha necesitarán formación –no discurso–, en los valores democráticos. ¿Tiene el gobierno y la sociedad una preparación para esta tarea?

¿Los premilitares van a entregar las tierras que han quitado a los campesinos y a las campesinas? Y los desplazados y desplazadas, ¿regresarán a sus tierras?

Las mujeres necesitan jugar un activo papel en este proceso presentando propuestas y vigilando que los acuerdos no vayan en contravía de los logros obtenidos después de tantas batallas nacionales e internacionales.

¿Cuántas viudas y huérfanos han dejado las masacres? ¿Están ellas representadas en esa negociación? ¿Las va a indemnizar el Estado? ¿Las Autodefensas?

La negociación es una urgencia y la sociedad afectada por esa parte del conflicto debe estar representada por sus variadas organizaciones. Las mujeres estudiantes, profesionales, artistas, empresarias, políticas, empleadas podrían apoyar y arropar a las desplazadas, a las cabeza de familia, a las víctimas de la violencia protagonizada por los paramilitares que hoy se disponen a llegar a acuerdos con el gobierno de Colombia.

*Periodista colombiana residente en Madrid, Premio 2003 La Mujer en la Unión Europea.

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