Hace trámite en el Congreso de Estados Unidos una ley que le ordena a la Oficina para la Política Nacional de Control de Drogas de ese país (la del llamado “zar antidrogas”) presentar, antes de 90 días, “un plan para llevar a cabo, sobre bases expeditas, un estudio científico sobre el uso del micoherbicida como medio de erradicación de drogas ilícitas”.

     

Ese estudio monstruoso debe incluir la aplicación inmediata de los hongos herbicidas en el país que se escoja, que podría ser Colombia, porque deberá contener “un plan para realizar, en una nación que sea gran productora de drogas”, los experimentos respectivos (House Resolution 2829, Office Nacional Drug Control Policy Reauthorization Act Of 2005 –ONDCP Act of 2005).

El principal promotor de la norma es el Representante Dan Burton, Presidente del Subcomité de Relaciones Internacionales de la Cámara para el Hemisferio Occidental, quien en declaración sobre el tema justificó su propuesta porque, “a pesar” de los grandes gastos de Estados Unidos en Colombia y Afganistán en la erradicación de coca y amapola, “el flujo de narcóticos ilegales y mortales continúa siendo un gran problema en nuestro país”. Burton también explicó que el análisis debe incluir una revisión “acelerada y completa de la ciencia de los micoherbicidas” como método para destruir cultivos, enfatizó que “necesitamos empezar a experimentar con ellos en el campo” y concluyó lapidario: esto “nos ofrece la posibilidad de acabar con la fuente de estas drogas literalmente desde sus raíces” (oficina de prensa de Dan Burton, 16 de junio de 2005).

Que se sepa, esta es la tercera vez que Estados Unidos intenta emplear hongos contra los cultivos de coca y amapola. La primera fue en 1999, cuando protestó hasta el ministerio de medio ambiente de Colombia. Y con el beneplácito del Presidente Uribe Vélez, nuevamente intentó avanzar en el tema en 2003, según explicó Debora Mcarthy, funcionaria del Departamento de Estado del Imperio (carta a Luis Alberto Moreno, embajador de Colombia en Washington).

Cómo será la amenaza del empleo masivo de hongos como herbicidas, que el 12 de diciembre de 2003 el propio Coronel (R) Alfonso Plazas Vega – en ese momento Director Nacional de Estupefacientes de Colombia y entusiasta fumigador con glifosato – le ofició al embajador Luis Alberto Moreno en Washington oponiéndose a que vinieran a Colombia expertos estadounidenses a promover el tema entre los funcionarios del Instituto Colombiano de Agricultura (ICA). Plazas señaló: “Los mycoherbicidas no han sido aprobados aún en los Estados Unidos, porque para expresarnos en términos profanos ‘se trata de una guerra biológica contra las plantaciones de cultivos ilícitos’, esto tiene un riesgo y es que el Mycoherbicida que le haga daño a la hoja de coca o amapola puede ser dañino para otros cultivos lícitos y generar problemas mayores”.

Ante la gravedad de este nuevo intento de agresión imperialista contra Colombia (Afganistán no produce coca ni fumiga desde aviones los plantíos de amapola), además de rechazarlo, emplazo al ministro del Interior y de Justicia, Doctor Sabas Pretelt de la Vega, para que, ante el Senado, fije la posición del Presidente de la República al respecto y, en particular, explique si se va a experimentar con micoherbicidas en el territorio nacional. Así mismo, llamo a los demócratas de Colombia y del mundo a adelantar una vigorosa campaña contra la aprobación de esta ley, la cual podría generar enormes problemas a escala global e incluso recuerda los experimentos nazis.

NO A LA GUERRA BIOLÓGICA DE ESTADOS UNIDOS CONTRA LA COCA Y LA AMAPOLA

Jorge Enrique Robledo, Senador de la República de Colombia

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